En el período navideño, los símbolos compartidos (luces, música, reuniones) intensifican la memoria afectiva y reactivan el sistema de apego; cuando hay ausencia o pérdidas recientes, ese circuito se traduce en angustia y ansiedad. Desde una perspectiva psicológica, el duelo puede entenderse como un proceso dinámico que oscila entre el contacto con el dolor y la recuperación de la vida cotidiana, más que como un “estado” a superar. 𝘓𝘢𝘴 𝘧𝘦𝘤𝘩𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘯𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘵𝘪𝘷𝘢𝘴 𝘢𝘮𝘱𝘭𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘯 𝘦𝘴𝘢 oscilación porque hacen más visible la discrepancia entre expectativas sociales de celebración y la realidad interna de quien atraviesa la pérdida. 🎄
El apego aporta una clave central: al activarse la búsqueda de la persona ausente, emergen respuestas emocionales intensas. La ansiedad, por su parte, suele aparecer cuando se anticipan escenarios difíciles (reuniones, brindis, rituales), lo que favorece rumiación, hipervigilancia y evitación. Modelos contemporáneos de ansiedad señalan que la interpretación amenaza-seguridad y la regulación autonómica condicionan la curva de malestar; por eso la intervención eficaz combina trabajo cognitivo, conductual y somático. 𝘈𝘧𝘳𝘰𝘯𝘵𝘢𝘳 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘯𝘦𝘨𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳, sino dotarlo de estructura, sentido y apoyos.
A continuación se presentan tres estrategias de afrontamiento basadas en evidencia, que integran regulación fisiológica, organización del duelo y reconstrucción de significado:
“El duelo es, en gran medida, un proceso de reconstrucción de significado.” — Robert A. Neimeyer
𝗧𝗿𝗲𝘀 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗳𝗿𝗼𝗻𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗯𝗮𝘀𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝘃𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮:
• Regulación autonómica y exposición planificada a detonantes festivos: ejercicios de respiración diafragmática con exhalación prolongada (por ejemplo, 4-6), escaneo corporal y grounding sensorial 5-4-3-2-1 reducen hiperactivación y facilitan anclaje atencional. Se sugiere diseñar una jerarquía de estímulos navideños (música, adornos, encuentros breves) y realizar exposición gradual, 𝘥𝘰𝘴𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢𝘯𝘥𝘰 el tiempo y la intensidad. Esta combinación disminuye la evitación y permite que el sistema nervioso procese señales de seguridad. 🫁
• Oscilación planificada y rituales conmemorativos: el Modelo de Procesos Dual del duelo propone alternar entre tareas orientadas a la pérdida (recordar, llorar, hablar) y tareas de restauración (actividades de cuidado, trámites, vínculos). En fechas señaladas, 𝘱𝘳𝘰𝘨𝘳𝘢𝘮𝘢𝘳 ambos tipos de tareas previene el desborde. Los rituales (encender una vela, preparar un plato favorito, escribir una carta y leerla junto a la “silla vacía”) fortalecen los lazos continuados con la persona ausente y validan el recuerdo sin quedar fijado en él. Delimitar consumos de redes o eventos muy demandantes también funciona como cuidado preventivo. 🕯️
• Reencuadre cognitivo y reconstrucción de sentido: identificar “deberías” y pensamientos dicotómicos (“si no celebro, fallo”; “si me río, traiciono”) posibilita 𝘳𝘦𝘧𝘰𝘳𝘮𝘶𝘭𝘢𝘳 creencias y reducir culpa. La escritura expresiva de 15–20 minutos por varios días ayuda a organizar narrativas y a conectar valores con acciones concretas. Trabajar con metas pequeñas y conmemorativas (donar en nombre de quien falta, preparar un brindis breve, elegir presencia selectiva) facilita coherencia identitaria y vincula la memoria con proyectos futuros. 🧠
Estas prácticas se apoyan en una evidencia robusta: el duelo no exige “cerrar” sino integrar el vínculo de manera nueva; la ansiedad se modula cuando el cuerpo recibe señales de seguridad, la mente reinterpreta las demandas y la conducta se alinea con valores. 𝘚𝘰𝘴𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘲𝘶𝘪𝘭𝘪𝘣𝘳𝘪𝘰 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘺 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 es clínicamente más fecundo que forzar una felicidad impostada o caer en evitación absoluta. Si emergen signos de riesgo (ideación suicida, consumo problemático, disociación sostenida), corresponde activar redes formales de cuidado y consulta profesional.
“Enfrentar el dolor de la pérdida es una tarea activa del duelo; no sucede por simple paso del tiempo.” — J. William Worden
𝗥𝗲𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮𝘀:
- Barlow, D. H. (2002). Anxiety and its Disorders: The Nature and Treatment of Anxiety and Panic (2nd ed.). Guilford Press.
- Bowlby, J. (1980). Attachment and Loss, Vol. 3: Loss, Sadness and Depression. Basic Books.
- Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59(1), 20–28.
- Klass, D., Silverman, P. R., & Nickman, S. (Eds.). (1996). Continuing Bonds: New Understandings of Grief. Taylor & Francis.
- Neimeyer, R. A. (2001). Meaning Reconstruction and the Experience of Loss. American Psychological Association.
- Park, C. L., & Folkman, S. (1997). Meaning in the context of stress and coping. Review of General Psychology, 1(2), 115–144.
- Pennebaker, J. W. (1997). Writing about emotional experiences as a therapeutic process. Psychological Science, 8(3), 162–166.
- Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The Dual Process Model of coping with bereavement: Rationale and description. Death Studies, 23(3), 197–224.
- Worden, J. W. (2009). Grief Counseling and Grief Therapy: A Handbook for the Mental Health Practitioner (4th ed.). Springer Publishing.